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26 de julio de 2013

Gameiro y adiós a la humildad prometida

El plan trienal le ha durado a Del Nido un suspiro. Ha sido ver la caja llena y olvidar aquella rueda de prensa en junio prometiendo la humildad perdida. La llegada de Kevin Gameiro confirma que para el actual presidente sólo hay huida (de la ruina) hacia adelante. El internacional francés será un buen futbolista, pero la gente debe saber que no es un delantero de 20 goles al año. Ojalá lo sea aquí. Su fichaje, 7,5 millones de euros al contado, más 1,5 millones en variables (900.000 euros por competiciones europeas y 600.000 euros por objetivos individuales), hace difícil creer que la reducción salarial de esa plantilla "supravalorada" sea la anunciada, por mucho que sé hayan marchado Palop, Navas y Negredo. Pareja, Bacca, Marko Marin... También tienen fichas millonarias. Ya lo ha dicho el propio Del Nido: el capítulo de gastos vuelve a superar, a priori, el de los ingresos. El balance económico dependerá del rendimiento deportivo. Ya no quedan cheques en blanco en la plantilla. Alguna realidad con cierto valor sí, pero ningún comodín que evite otro fiasco. Al final de la 13-14 ya veremos.
No piensen que la campaña de renovación de abonos, por muchas altas que se produzcan, será la panacea. A priori, con la bajada de precios de los carnés, los ingresos por este concepto de reducirán. Del Nido hablaba de un volumen de negocio de 55 millones sin Europa (tv, taquillas y marketing) y ahora, tras la remodelación de la plantilla, por encima de lo permitido por presupuesto, la primera obligación pasa por disputar la liguilla de la Liga Europa. De lo contrario el proyecto ya se torcería. Además, las primeras rondas resultarán a todas luces deficitarias. Al tiempo.
Con 25 millones en fichajes, reducir el presupuesto de 80 millones se antoja imposible. Es cierto que la planificación de este verano está resultando agradable para lo que nos temíamos y, sobre todo, de donde veníamos, pero esa ilusión de verano no debe cegar a nadie. El equipo necesita consistencia en el centro del campo, un portero de verdad y otro central de nivel, porque lo de renovar a Fazio aun no se sabe qué resultará.
Quizá por el dinamismo de los hombres de arriba el Sevilla sea uno de los equipos más vistosos este año sobre el papel, pero por encima de eso hay que armar un bloque bien formado y por ahora Unai Emery no ha demostrado casi nada. Un buen entrenador, con mimbres, tiene que notarse de verdad.