27 de octubre de 2014

Emerysta

Me gusta Emery. Ya me gustaba cuando aparecía en esa terna de entrenadores que manejaba Monchi para suplir a Jiménez. Todos los entrenadores tienen su guasa. Hasta Juande Ramos, el sabio para muchos. La de Unai es soportable. No sólo ha vuelto a hacer al Sevilla campeón cuando recuperar al Sevilla de los títulos parecía imposible, algo que ya es para elevarlo a los altares, es que hace creer que hay mimbres en la plantilla para más. Eso, que en realidad le perjudica, no es fácil decirlo cuando el equipo suma 22 de 27 puntos posibles. Además, su forma de ser encaja en Nervión. Ya es raro que un vasco lo haga, pero es mi impresión: un jartible del fútbol, un tío joven, que habla por los codos con esa media lengua que tiene, que admite sus errores, sus dudas y que es capaz, no lo olvidemos, de decir "no" al Milan para quedarse cuando todo el que triunfa aquí tiene los días contados. Parece una tontería dicho así, de pasada, pero esto es poco frecuente en el fútbol. Y encima tiene esa chispa de buena suerte necesaria. Evidentemente, algún día los piropos se tornarán en críticas y llegará el momento en que tenga que salir del club, como todo entrenador. Emery, en cualquier caso, ya ha dejado su huella en el Sevilla. Muchos recordarán entonces sus meteduras de pata. Seguro. Partidos y decisiones contra corriente, su tardanza en realizar los cambios, alineaciones y planteamientos difíciles de entender... Sea como fuere, su figura está en las antípodas de Marcelino García Toral, un entrenador decepcionante a más no poder en su paso por el club. ¿Qué le debe el sevillismo a este tío, que trató de arrastrar la imagen de Palop y Kanouté en el final de sus carreras con sus filtraciones a la prensa? ¿Qué le debe el sevillismo a un trabajador que no cumplió con sus objetivos y tuvo que ser cesado? Hoy, no tengo ni un buen recuerdo de este señor. Bueno, sí. Su cara tras la remontada de ayer, después de la carrerita del cero a uno. Esa es la huella que ha dejado. La explosión de júbilo de Emery en Mestalla, digan lo que digan, no es comparable en un novena jornada de Liga como la que estaba en juego ayer. Así lo creo. Y aunque los insultos no se puedan justificar, el fútbol es así aquí y en Pekín. 

1 comentario:

  1. También me quedo con sus "lloriqueos" en la posterior rueda de prensa.
    Y si aquí insultamos, cosa que está mal, pero no tiramos bombas de gas hasta desalojar el estadio como hacen allí.

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