13 de enero de 2012

Mediania a precio de crack

Antes de que la crisis pusiese en jaque a Occidente, en pleno boom de la economía española, el Sevilla Fútbol Club vivió quince meses mágicos en los que encadenó cinco títulos y discutió la Liga con los dos mastodontes del fútbol patrio hasta la última jornada. La plantilla de aquel glorioso curso 2006-07 (la primera UEFA llegó al final de la campaña anterior y la Supercopa de España al principio de la siguiente) cobró, según consta en el balance ofrecido a los accionistas, 45,4 millones, primas incluidas. Aquel verano apareció inopinadamente, para pasmo de Juande Ramos, Aquivaldo Mosquera, un perfecto desconocido por quien se pagaban ocho millones para convertirlo en el paradigma de la nueva (y errática) política de reclutamiento de Monchi y su equipo.
En la historia (Borges añadiría «de la infamia») ha quedado la miríada de futbolistas que han reforzado (¿?) al Sevilla desde entonces, mientras el peso del equipo seguía recayendo en los llegados en 2005, a quienes sólo el inexorable paso del tiempo fue apartando de las alineaciones. No, desde luego, la carísima competencia que iba llegando. Con los triunfos, los héroes subieron su cotización en relación directamente proporcional a los precios de los carnés. «Para ver un espectáculo de primer nivel hay que pagar», se argumentaba desde el club. Y aunque nadie discutía las mejoras salariales de los Palop, Luis Fabiano, Kanouté, Renato, Dragutinovic, Navas o Escudé, sí extrañaba que fichajes sospechosos o directamente pésimos se convirtiesen, sueldos estratosféricos mediante, en un lastre para la economía de la entidad.
Así fue disparándose el coste salarial del primer equipo hasta alcanzar un cénit de casi sesenta millones en un bienio loco en el que fichajes como Romaric, Acosta, Konko o Koné terminaron con el prestigio de la secretaría técnica del Sevilla a la hora de ajustar la ratio calidad-precio. No ha descendido mucho el gasto desde entonces pues esta temporada, en la que se confeccionó el plantel ya desde la imposiblidad de jugar la Champions, los jugadores que adiestra Marcelino cobrarán 53,6 millones de euros, según la previsión realizada en la última Junta General de Accionistas, en la que no se incluyó el fabuloso salario de Reyes.
Ni que decir tiene que el gasto de personal también se ha multiplicado, y no sólo por los emolumentos astronómicos que percibe el trío de ejecutivos conocidos como «los supermagníficos», sino porque el Sevilla se ha dotado de una estructura amplísima... confeccionada bajo el discutible criterio de nepotismo y el amiguismo. Algo que puede no ser bonito pero que es legal en una empresa privada.
Ahora bien, la juerga del gasto siempre viene con resaca en forma de déficit. Como el que sufre el Sevilla, enorme aunque maquillado con trucos contables, en los últimos ejercicios. Para el curso 2011-12, sir ir más lejos, hay una previsión de ingresos de 92 millones pero José María Cruz ya sabe que no puede contar con los diez presupuestados por competición europea ni con los veinte por marketing mientras la camiseta luzca impoluta de publicidad. Toca vender a discreción y volver a la economía de guerra.
La Razón

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